UNA NOCHE
LUMBROSA
Y mientras se me antoja no salir, se me vienen todas las ganas del mundo de pecar; de caer en la red de agujeros chicos, esa red que no se rompe, la red que casa monos en la selva.
He de aplicar, pienso, las estrategias que he aprendido, pero a la misma vez se me vienen unas ganas inmensas de pecar.
Decido no salir y meterme en la cueva. La cueva semi oscura que se alumbra artificialmente. Allí ya no pienso en nada mas que en construir y reparar instrumentos musicales, mis instrumentos. Se me olvidan los pesares. A la vez que las esquilillas de las ovejas me despiertan junto al olor a mierda de vaca, soy capaz de dejar pasar ese ataque rastrero. Lo he conseguido de nuevo.
Fui a la tienda a por cigarros y me saludaron y saludé. Pisé una bosta de vaca, que la puta que la parió. Aproveché y salí del paso intentando comentarle a unos amigos bebidos que estaba liado arreglando timples. Me marché. No compré los cigarros porque se me pasaron las ganas de fumar y me entraron inmensas ganas de follarme a una botella. Pobre botella, pensé a la vez y me recogí hacia la casa de Pepe donde tomé café y me tranquilicé (que raro, ahora el café tranquiliza).
En la cueva de nuevo sigo disfrutando y anochece. La calle es una alfombra de cacharros mezclados con orín y mierda además de esputos y vómitos; de judías unos, otros de fideos, otros con cachos de carne y así uno detrás de otro.
Mis instrumentos están afinados. No así los de la calle porque han tomado la decisión de hacer lo que quieren sus dueños.
Fuí a comer al lado de la iglesia y comprobé que aún hay gente creyente y mucho gilipolla suelto.
Comí como lo que soy. Saludé a mi gente. Eructé como un bisonte a la vez que canté un poco, pero no como antaño. Noté a mi suegro fuera de sitio, también tiene un ratón pegado.
Me voy de vuelta pisando latas y mierda y me veo pero sin guitarra, ni timple, ni encanto.
De vuelta a casa me siento relativamente bien, con el único logro de saber que no caí en la red.
Ahora escribo para hacer tiempo y poder ver los fuegos artificiales de los artesanos pirotécnicos de Teror, sin arrimarme mucho a la azotea porque huele a carne, a ron (que rico ) a jembra a vida.
Suena un volaor de anuncio.
Me voy pa la azotea.
¡ VIVAN LAS FIESTAS DEL PINO! DICE UN VECINO BORRACHO
Ahí mentecato, pienso, pa una vez al año no lo haces mal.
A estas horas esta la cosa buena pa cantar La calandria.
Vivan el ron y las mujeres