Y AHORA VOLVÍ A LA ORILLA' L MAR, de donde salí hace muchos años en 1998. Allí llegué en esa fecha de monte adentro después de haber sido el mas grande de los jóvenes y el mas joven de los grandes con ánimo de cambiar de tono, de aire y hasta de bebida. Y estab nublao ...

La orilla del mar que veo a diario y  me abre el entendimiento; me recuerda el Hotel Cantur, donde en fechas señaladas, como las del Pino, mi madre nos mandaba allá por el año 69-70, para dejarla tranquila mientras trabajaba, porque le gustaba y se ganaba dinero. Recuerdo mis pinitos como constructor de plazas de toros de arena que nunca llegué a mantener de pie. Como si estuviera viendo los sostenes de las turistas (bikinis); me duele pensar en los talegazos que me daba en la arena creyendo que no me iba a hacer daño el golpe cuando me lanzaba al aire cual mauro. Los margullos por encima del agua y mis nadadas agarrado a la arena como el ancla de las chalanas. Mi primer revolcón de una ola, que todavía si me vuelvo a tropezar con ella, la escupo como un rano.

¡...Y los sombreros de paja!. Como recuerdo aquellas pamelas, sombreros de paja que nos ponía mi tía, quién nos cuidaba pa protegernos del sol y después nos embadurnaba de  crema Nivea, no después, sino antes de coger sol... pa freirnos como güevos?. Coloraos como flores quedábamos.

¿Y las esclavas? ¡Fuertes cholas malamañás! . No sabía por que dedo meterlas y del sudor nadaban los pies en ellas.

Ya mas alante y con el caño apuntando íbamos en patrulla o en pandilla hasta con una bandera de Teror (como para dejarnos ver y pasar desapercibidos), a la vez me iba al Mercado Central, donde Demis, a tomar unos botellines y un bocadillo de salchicha casera (mas salchicha que pan).

Yo seguía siendo muy joven y las chiquillas estaban buenas de cojones.

También seguía nadando en el balneario, donde decidí que era mas cómodo hacerlo y sin riesgo a algún ajogón, además eran muy buenos los paseos hasta la playa chica donde estaba el Dan Grill y se tocaba la guitarra. Allí margullé mucho sobre la barra.

Seguí acudiendo a la mar a nadar ya casado a unos pubes que conocían unos amigos. Me gustaba nadar por el mar de los placeres.

Ya en el 2004 vuelvo a la orilla donde tuve que parar de nadar por cansancio físico y hasta psicológico (cosas de la vida) y me alegro por contar algunos datos. Paso por lo bares sin dar brincos para que no me caigan esputos. No mastico chicles de menta. No me alojo en hoteles de la zona para no llegar tarde al trabajo. No me llevan a trabajar ni taxis ni amigos. Desayuno como tol mundo. Me saludan porque se acuerdan de mi y les devuelvo el saludo. No llevo gafas de sol. Soy feliz y gigante. Mantengo mis sentidos al tanto de todo; güelo, veo, oigo, palpo y me gusta. No miento ni me engañan. Siento y no me sienten. No me invitan, ni invito. Me sigo subiendo los calzones como siempre, sigo nadando sin agarrarme de la arena, ahora lo hago de la barandilla (ya no mancha de oxido como antes). Se ha muerto mucha gente según me comentan; yo tengo mas canas.

Otro día me daré un paseo por la playa y seguiré recordando y viendo cosas nuevas.

Se los contaré mas alante.