He conocido a muchas
gentes.
Se me antoja para esta acomodarme en la butaca y tomar aire para poder escribir. A la vez enciendo un cigarro virginio que remuevo en mis labios mientras pienso. Con la taza de café bien servida ayudo con la cuchara a diluir el azúcar moreno que reposa en el fondo; y sale humo del vaso, y de mi boca, y del teclado, y de mi mente.
Refiérome ahora desde aquí y con estas letras a Guillermo Velázquez.
He podido volver a sentir momentos de auténtico gozo y paz como solo los viví en la Casa del Marinero; de la misma manera junto a Mercedes Sosa, en su caravana hace pocos años; y con Gualberto Ibarreto en ca Pepito Julian. Siempre en la Muy Noble (Teror)
La única explicación que le doy a esta coincidencia en el sentir es que todos ellos tres, tienen autentica magia; autentica vida, autentico amor, autentica paz.
Este hombre de quien escribo es muy observador y muy buen escuchador. Nada ni nadie, creo, le hará perder el tiempo, porque tiene claro su andar por la vida. Cuando menos no tropieza.
Verseador; de lo mejor, juglar de convicción y
poderío. Animador que transmite mas claro el agua lo que piensa y opina.
Pude hablar algo con el. No mucho porque no hacía falta; todo te lo dice recitando y cantando; es su manera de ser y comunicarse.
Amante de sus país con todas las consecuencias.
De mirada a la cara, de frente, sincera.
Acompañado de sus leones y su
compañera vino por Teror a dejarnos parte de su repertorio (horas). Que manera
de cantar y hacer vibrar a un público acostumbrado a recitales de calidad .
Comimos juntos varias veces; cantamos juntos varias veces, hablamos juntos varias veces. Toqué su jarana quinta varias veces, me explicaba varias veces, atendía siempre.
Sus leones eran fiel reflejo; enseñadores, jaraneros, alegres y respetuosos, músicos. Con ellos aprendí que una jarana y un timple son hermanos al cantar, que tienen la misma gracia, sabiduría y encanto.
Sapatié to lo que pude mientras actuaban para mas de tres mil personas. Me divertí de lo lindo. No me atreví con las pimientas porque me queman.
Casi al despedirnos y ante su atenta mirada me puse a sacarle un plano a sus instrumentos; la jarana y guitarra quinta. Les hablé de Pancho Camacho y les expliqué como construyo mis instrumentos. Me preguntaron muchas cosas. Por cierto que sus instrumentos no son excavados y suenan muy bien, cosa que me alegró aún mas.
Con un fuerte abrazo del que solo salía paz me despedí de ellos seis (buen número).
A ellos me los presentó El amigo verseador canario Yeray Rodríguez, del que pronto escribiré algunas notas; casi nadie al aparato.
Que sea con salud y hasta pronto que nos veamos amigo Guillermo Velázquez.
"Soñé que soñando estaba
un sueño que yo soñé,
y en el sueño desperté
soñando que no soñaba;
y aunque al soñar sollozaba
porque soñando quería,
que aquel sueño que tenía
fuera ensoñasión feliz
el sueño de mi país
es un sueño todavía"