PLÄTICAS DE IDIOMAS En mis andancias por la puntilla
Ocho y cuarto en la mañana y se abre la puerta. A la vez entra una pareja de chonis buscando a nada y a nadie, que intentan comunicarse. Dieron con el sitio adecuado, pensé, para expresarse sin que le entiendan. Se dirigen a una primera mesa hablando en sueco (yo lo sé porque aunque no muy bien, me defiendo igual que con muchos otros idiomas que platico) ... y, ¡oh cielos!, no es correspondido mas que por unas palabras dulces que dice mi compañera: - no entiendo. Su esposa de él le sigue intentando comunicarse con mi otro compañero, macho de Guanarteme, (¡ay calle Perú! siempre llena de disputas), pero nada de nada porque girando la cabeza le dice perfectamente en español de Canarias: - yo no hablo bien español- imagínate sueco o alemán o lo que sea.
Quiero meterme en la conversación para ayudar a mis compañeros, pero todo sucede muy rápido y a la vez me río y lloro por aguantar mi carcajada bruta pero sincera. Ya tenía todo traducido en mi mente para romper a comunicarle a mis compañeros las preguntas de la pareja sueca, pero claro con tanto billete en las manos como que me impedía hacerlo.
A todo esto risas y fiestas por parte de otras personas que se encuentran a mi alrededor, quienes hacemos un pequeño coro que murmullando y riéndonos de todo lo que se menea, atendemos a esa larga conversación.
Le soplo por lo bajini (de bajo, bajito -italiano-) a un señor que iba acompañado de un perro guía de esos de la ONCE, unas palabras en sueco para que ayude a los dos pobres suecos. Y sorpresa; le entendieron perfectamente y se lo agradecieron. Mientras yo orgulloso de mi labor me mantengo al margen quitándome protagonismo para no hacer daño a mis compañeros.
Otra vez otra buena acción por mi parte.
No podía hacer otra cosa por ellos.
Todas las personas que hablen ocho idiomas y medio como yo, deberían hacer lo mismo en estos casos; ser solidarios con sus compañeros.
Mañana una de atún con millo y un bocadillo de chorizo de Teror pa la digestión.